martes, abril 28, 2009

La marioneta de trapo

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La marioneta de trapo
Johnny Welch

Lo dice una marioneta de trapo:

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo, y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero, en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco y soñaría mas, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía mientras los demás hablan, y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate...!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón.... escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.

Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.

Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres.....

He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por vez primera el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.

He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo...."

 

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martes, abril 21, 2009

TE ESTARÉ ESPERANDO

Cierto día acaecía un gran alboroto en el jardín de Don Pepe, las gallinas revoloteaban de un lado para otro y las aves silvestres saltaban de rama en rama produciendo sonidos suaves y acogedores que invitaban a soñar despierto. Los animales que habitaban en tan inmenso solar, se preparaban para organizarle una despedida al mejor de todos los amigos... El pato Jack.

Él había decidido, como es costumbre en los animales de su especie, tomar vuelo al sur, esperando llegar a ningún lugar, sabiendo que no alcanzaría su meta, porque antes que lograra hacerlo, la muerte ya habría venido por él. Pero eso no era impedimento, y no lo era porque Jack era un animal de fe, no importaba si llegaba o no, lo único que valía era intentarlo.

La fiesta fue como cualquier otra fiesta de animales .... Bailes de gallinas, coros de patos, ladridos de perros y uno que otro pollito pisado por algún gato que en su afán de no pasar desapercibido no se fija en sus amigos de menor tamaño.

Todo transcurría normal, pero como en toda despedida que se respete, llegó el momento de los discursos, el brindis y los abrazos que no habían de faltar. La primera intervención la hizo la Gallina Teresa, que era la de más antigüedad y según el comentario de algunos animales tenía la mejor oratoria de toda la región.

"Amigo Jack" pronunció, calló por un momento y luego continuó: "Sepa usted que se lleva nuestro corazón, sepa también que todos los animales aquí presentes lo respetamos y admiramos por su compañerismo y apoyo en los momentos críticos de nuestras vidas.

Aún recuerdo cuando ayudó a escapar a Carmensa de las manos de nuestro dueño, si no hubiese sido por usted, la pobre por estos días sería abono de la huerta..

Los años pasaron y Reggi ya no era el pequeño gatito del jardín, ahora era el más grande y apuesto de todos los animales, aún con su corazón de niño, mantenía la ilusión de ver llegar volando por el inmenso cielo azul a su amigo Jack.

Es preciso señalar que de los animales que asistieron a la despedida sólo quedaba Reggi, porque hasta los más pequeños polluelos que acudieron ya habían sido vendidos.

En la primera mañana de Abril, Reggi vio llegar a un viejo pato al jardín y corriendo fue a su encuentro. Gran sorpresa se llevó cuando vio que era su viejo amigo Jack, el abrazo que tiempo antes le había prometido no pudo faltar y después de un reconocimiento del mal estado en que se encontraba su antiguo compañero de jardín, Reggi le preguntó: ¿Pudiste llegar al sur? ¿Cumpliste tu sueño?

Jack le respondió: Logré algo mejor... ¡logré llegar a ti!

~ Juan José Vargas Camejo ~

Enviado por Juan Coronado
jcrown@megared.net.mx
http://www.geocities.com/parareflexionar2002/

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jueves, abril 16, 2009

PENSAMIENTOS POSITIVOS

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PENSAMIENTOS POSITIVOS

Mantén tus pensamientos positivos,
Porque tus pensamientos se convierten en tus palabras.

Mantén tus palabras positivas,
tus palabras se convierten en tus acciones.

Mantén tus acciones positivas
Porque tus acciones se convierten en tus hábitos.

Mantén tus hábitos positivos,
Porque tus hábitos se convierten en tus valores.

Mantén tus valores positivos,
Porque tus valores se convierten en tu destino.

MAHATMA GANDHI

Enviado por Graciela E. Prepelitchi


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sábado, abril 11, 2009

Cómo decir las cosas

Una sabia y conocida anécdota dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.

Después de despertar, mandó llamar a un Adivino para que interpretara su sueño.

-¡Qué desgracia Mi Señor! -exclamó el Adivino- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

¡Qué insolencia! -gritó el Sultán enfurecido- ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡Fuera de aquí!!!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado.

Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

-¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.

El semblante del Sultán se iluminó y con una gran sonrisa...

...ordenó que le dieran cien monedas de oro al segundo Adivino.

Cuando éste salía del palacio, uno de los guardias le dijo admirado:

-¡No es posible!. La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer Adivino. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

-Recuerda bien amigo mío - respondió el segundo Adivino - que todo depende de la forma en que decimos las cosas.... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse.


 

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domingo, abril 05, 2009

EL ASPECTO DEL CORAJE

Yo sé cual es el aspecto del coraje. Lo vi durante un viaje en avión, hace seis años. Sólo ahora puedo contarlo sin que se me llenen los ojos de lágrimas.

Cuando nuestro avión despegó del aeropuerto de Orlando, aquel viernes por la mañana, llevaba a bordo a un grupo elegante y lleno de energía. El primer vuelo de la mañana era el preferido de los profesionales que iban a Atlanta por asuntos de negocios. A mí alrededor había mucho traje caro, mucho peinado de estilista, portafolios de cuero y todos los aderezos del viajante avezado. Me instalé en el asiento con algo liviano para leer durante el viaje.

Inmediatamente después del despegue, notamos que algo andaba mal. El avión se bamboleaba y tendía a desviarse hacia la izquierda. Todos los viajeros experimentados, incluida yo, intercambiamos sonrisas sabedoras. Era un modo de comunicarnos que todos conocíamos esos pequeños problemas. Cuando uno viaja mucho, se familiariza con esas cosas y aprende a tomarlas con desenvoltura.

La desenvoltura no nos duró mucho. Minutos después nuestro avión empezó a perder altura, con un ala inclinada hacia abajo. El aparato ascendió un poco, pero de nada le sirvió. El piloto no tardó en hacer un grave anuncio: -Tenemos algunas dificultades-dijo-:En este momento parece que no tenemos dirección de proa. Nuestros indicadores señalan que falla el sistema hidráulico, por lo cual vamos a regresar al Aeropuerto de Orlando. Debido a la falta de hidráulica, no estamos seguros de poder bajar el tren de aterrizaje. Por lo tanto, los auxiliares de vuelo prepararán a los señores pasajeros para un aterrizaje de emergencia. Además, si miran por las ventanillas verán que estamos arrojando combustible. Queremos tener la menor cantidad posible en los tanques, por si el aterrizaje resulta muy brusco.

En otras palabras, íbamos a estrellarnos. No conozco espectáculo más apabullante que el de esos cientos de litros de combustible pasando a chorros junto a mi ventanilla. Los auxiliares de vuelo nos ayudaron a instalarnos bien y reconfortaron a los que ya daban señales de histeria.

Al observar a mis compañeros de vuelo, me llamó la atención el cambio general de semblante. A muchos se los veía ya muy asustados. Hasta los más estoicos se habían puesto pálidos y ceñudos. Estaban literalmente grises, aunque me costara creerlo. No había una sola excepción. "Nadie se enfrenta a la muerte sin miedo", pensé. Todo el mundo había perdido la compostura, de un modo u otro.

Comencé a buscar entre el pasaje a una sola persona que mantuviera la serenidad y la paz que en esos casos brindan un verdadero coraje o una fe sincera. No veía a ninguna.

Sin embargo, un par de filas a la izquierda sonaba una serena voz femenina, que hablaba en un tono absolutamente normal, sin temblores ni tensión. Era una voz encantadora, sedante. Yo tenía que encontrar a su dueña.

A mí alrededor se oían llantos, gemidos y gritos. Algunos hombres mantenían la compostura, pero aferrados a los brazos del asiento y con los dientes apretados; toda su actitud reflejaba miedo.

Aunque mi fe me protegía de la histeria, yo tampoco habría podido hablar con la calma y la dulzura que encerraba esa voz tranquilizadora. Por fin la vi.

En medio de todo ese caos, una madre hablaba con su hija. Aparentaba unos treinta y cinco años y no tenía rasgo alguno que llamara la atención. Su hijita, de unos cuatro años, la escuchaba con mucha atención, como si percibiera la importancia de las palabras. La madre la miraba a los ojos, tan fija y apasionadamente que parecía aislarse de la angustia y el miedo reinantes a su lado.

En ese momento recordé a otra niñita que, poco tiempo antes, había sobrevivido a un terrible accidente de aviación. Se creía que debía la vida al hecho de que su madre hubiera ceñido el cinturón de seguridad sobre su propio cuerpo, con su hija atrás, a fin de protegerla. La madre no sobrevivió. La pequeña pasó varias semanas bajo tratamiento psicológico para evitar los sentimientos de culpa que suelen perseguir a los sobrevivientes.

Se le dijo, una y otra vez, que la desaparición de la madre no era culpa de ella.

Rezando porque esta situación no acabara igual, agucé el oído para saber qué decía esa mujer a su hija. Necesitaba escuchar.

Por fin, algún milagro me permitió distinguir lo que decía esa voz suave, segura y tranquilizante. Eran las mismas frases, repetidas una y otra vez.

-Te quiero muchísimo. Sabes, ¿verdad? , que te quiero más que a nadie. -Sí, mami- repuso la niña.

-Pase lo que pase, recuerda siempre que te quiero. Y que eres buena. A veces suceden cosas que no son culpa de uno. Eres una niña muy buena y mi amor te acompañará siempre.

Luego la madre cubrió con su cuerpo el de su hija, abrochó el cinturón de seguridad sobre ambas y se preparó para el desastre.

Por motivos ajenos a esta tierra, el tren de aterrizaje funcionó y nuestro descenso no fue la tragedia que esperábamos. Todo terminó en pocos segundos.

La voz que oí aquel día no había vacilado ni por un instante, sin expresar duda alguna, y mantuvo una serenidad que parecía emocional y físicamente imposible. Ninguno de nosotros, avezados profesionales habría podido hablar sin que le temblara la voz. Sólo el mayor de los corajes, ayudado por un amor más grande aún, pudo haber sostenido a esa madre y elevarla por sobre el caos que la rodeaba.

Esa mamá me demostró cómo es un verdadero héroe. Y en esos pocos minutos oí la voz del coraje.

Casey Hawley


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