sábado, diciembre 27, 2008

Leyenda de la serpiente

Cuenta la Leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido con miedo, de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.

Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

-¿Puedo hacerte tres preguntas?

La serpiente respondió:

- No acostumbro a dar este precedente a nadie, pero como igual te voy a devorar, puedes preguntar.

- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

- No, contestó la serpiente.

- ¿Yo te he hecho algún mal?

- No, volvió a responder.

- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

- ¡Porque no soporto verte brillar........!


Enviado por Asun Carretero

 

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domingo, diciembre 21, 2008

MI ORACION PARA TI

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MI ORACION PARA TI

Que el Señor te acompañe siempre:

Que tus PIES te lleven por el camino más largo hacia la felicidad, porque la felicidad son solo puntos en el mapa de la vida, y el verdadero disfrute está en buscarlos.

Que tus OJOS reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene. Aunque se detenga seguirá siendo un colibrí, y es conveniente que sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.

Que tus MANOS se tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean.

Que tus OIDO sea tan fiel a la hora del reproche, como debe serlo a la hora del halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia.

Que tus RODILLAS te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo de descanso.

Que tu ESPALDA sea tu mejor soporte y no la carga más pesada.

Que tu BOCA refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma y no la vidriera de los dientes.

Que tus DIENTES te sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros.

Que la LENGUA encuentre las palabras más exactas para expresarte sin que te malinterpreten.

Que tus UÑAS crezcan lo suficiente para protegerte, sin lastimar a nadie.

Que tu PIEL te sirva de puente y no de valla.

Que tu PELO le de abrigo a tus ideas, que siempre adornan más que un buen peinado.

Que tus BRAZOS sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.

Que tu CORAZÓN toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del universo hacia delante.



~ Anónimo ~


Juan Coronado
jcrown@megared.net.mx
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Un mundo de entretencion e Informacion

 

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martes, diciembre 16, 2008

BALAS O SEMILLAS

Uno puede ofrecerle sus ideas a otros como balas o como semillas. Puede dispararlas, o sembrarlas; pegarle en la cabeza a la gente con ellas, o plantarlas en sus corazones.

Las ideas usadas como balas matarán la inspiración y neutralizarán la motivación.

Usadas como semillas, echarán raíces, crecerán y se volverán realidad en las vidas en las que fueron plantadas.

El único riesgo en usarlas como semillas: una vez que crece y se convierte en parte de aquellos en quienes fueron plantadas, es probable que nunca te reconozcan el mérito de haberlas ideado. Pero si uno esta dispuesto a prescindir del crédito...... recogerá una rica cosecha.

~ Anónimo ~


Juan Coronado
jcrown@megared.net.mx
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Noticias Energia Renovable: Solar, Eolica

 

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jueves, diciembre 11, 2008

¿QUÉ ES EL AMOR?

En una de las salas de un colegio había varios niños. Uno de ellos preguntó:

- .. Maestra... ¿qué es el amor?

La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en hora de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.

Los chicos salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:

- Quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.

El primer alumno respondió:

- Yo traje esta flor: ¿no es linda?

Cuando llegó su turno, el segundo alumno dijo:

- Yo traje esta mariposa. Vea el colorido de sus alas; la voy a colocar en mi colección.

El tercer alumno completó:

- Yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido hermano: ¿no es gracioso?

Y así los chicos, uno a uno, fueron colocando lo que habían recogido en el patio.

Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía avergonzada porque no había traído nada.

La maestra se dirigió a ella y le preguntó:

- Muy bien: ¿y tu? ¿no has encontrado nada?

La criatura, tímidamente, respondió:

- Disculpe, maestra. Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma por más tiempo. Vi también la mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de aprisionarla. Vi también el pichoncito caído entre las hojas, pero... al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí devolverlo al nido. Por lo tanto, maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito.

¿Cómo puedo mostrar lo que traje?

La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que había sido la única que logró percibir que sólo podemos traer el amor en el corazón.

~ Anónimo ~


Juan Coronado
jcrown@megared.net.mx
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sábado, diciembre 06, 2008

El espíritu de Santa

Me repantigué en el asiento del acompañante de nuestro viejo Pontiac porque era la forma en que uno "debía" sentarse cuando está en cuarto grado. Papá iba al centro a hacer compras y yo lo acompañaba. Al menos eso es lo que le había dicho; en realidad tenía que hacerle una pregunta importante que me daba vueltas en la cabeza desde hacía unas dos semanas y era la primera vez que me las ingeniaba para estar con él sin tener que aclararle el motivo.

-Papá... -empecé. Y no seguí.

-¿Sí?

-Algunos chicos del colegio andan diciendo algo y yo sé que no es verdad.

- Sentía que el labio inferior me temblaba, del esfuerzo que hacía para contener las lágrimas que, amenazantes, se agolpaban en el rincón interno de mi ojo derecho -siempre era el que quería llorar primero-.

-¿Qué pasa, Punkin? -Cuando me llamaba así, sabía que estaba de uen humor.

-Los chicos dicen que Santa Claus no existe. -Plic. Se me escapó una lágrima. -Dicen que soy una tonta por creer todavía en Santa Claus... que es sólo para los niños pequeños-. Mi ojo izquierdo empezó con una lágrima en el conducto interno. -Pero yo creo lo que me dijiste tú. Que Santa Claus es real. Es así, ¿no papá?

Hasta ese momento íbamos por la Avenida Newell, que en aquella época era una calle de doble mano bordeada de robles. Ante mi pregunta, papá miró mi cara y la posición de mi cuerpo. Torció hacia un costado y estacionó el auto. Apagó el motor y se acercó a mí, su hijita todavía pequeña acurrucada en el rincón.

-Los chicos del colegio se equivocan, Patty. Santa Claus existe de VERDAD

-¡Estaba segura! -suspiré aliviada.

-Pero tengo que decirte algo más sobre Santa Claus. Creo que tienes edad suficiente para entender lo que voy a contarte. ¿Estás lista?

Papá tenía un brillo cálido en los ojos y una expresión dulce en la cara. Sabía que tenía algo importante que decirme y estaba lista porque confiaba plenamente en él. Nunca me mentía.

-Había una vez un hombre de carne y hueso que viajaba por el mundo y hacía regalos a los chicos que los merecían, en todos los lugares a los que iba. Lo encontrarás en muchos países con distintos nombres, pero lo que él tenía en el corazón era lo mismo en todos los idiomas. En Estados Unidos, lo llamamos Santa Claus. Es el espíritu del amor incondicional y el deseo de compartir ese amor haciendo regalos desde el corazón. Cuando llegamos a cierta edad, descubrimos que el Santa Claus real no es el tipo que baja por la chimenea en Nochebuena.

La verdadera vida y el verdadero espíritu de este duende mágico vive para siempre en tu corazón, en mi corazón, en el corazón de mamá y en el corazón y la mente de todos los que creen en la alegría que causa el dar a los demás. El verdadero espíritu de Santa Claus pasa a ser más lo que das que lo que recibes. Una vez que lo entendemos y se vuelve parte de nosotros, la Navidad se vuelve más linda y más mágica, porque nos damos cuenta de que la magia viene de nosotros cuando Santa Claus vive en nuestros corazones. ¿Entiendes lo que trato de decirte?

Yo miraba por la ventanilla delantera totalmente concentrada en un árbol que había enfrente. Tenía miedo de mirar a papá, la persona que me había dicho toda mi vida que Santa Claus era un ser real. Quería creer lo mismo que había creído el año anterior, que Santa Claus era un duende gordo y grandote con un traje rojo. No quería tragar la píldora de la maduración y ver las cosas de otro modo.

-Patty, mírame.

Papá esperaba. Volví la cabeza y lo miré.

Él también tenía lágrimas en los ojos, lágrimas de alegría. Su cara brillaba con la luz de miles de galaxias y vi en sus ojos los ojos de Santa Claus. El Santa Claus verdadero. El que todas las Navidades, desde el momento en que yo había llegado a esta Tierra, pasaba un tiempo eligiendo las cosas especiales que yo quería.

El Santa Claus que comía mis bizcochos decorados con esmero y bebía la leche caliente. El Santa Claus que probablemente se comía la zanahoria que yo dejaba para Rudolf. El Santa Claus que -pese a su falta total de destreza mecánica- armaba bicicletas, trenes y otras chucherías durante las mañanas de Navidad.

Entendí. Entendí la alegría, la entrega, el amor. Papá me abrazó con calidez y me tuvo así un momento que me pareció larguísimo.. Los dos lloramos.

-Ahora perteneces a un grupo de gente muy especial -continuó papá-. De aquí en más, compartirás la alegría de la Navidad todos los días del año, no sólo un día especial. Por ahora, Santa Claus vive en tu corazón como vive en el mío. Es responsabilidad tuya que este espíritu de entrega se desarrolle plenamente como parte de esta vida de Santa Claus dentro de ti. Es una de las cosas más importantes que pueden ocurrirte en toda tu vida, porque ahora sabes que Santa Claus no puede existir sin que personas como tú y yo lo mantengamos vivo. ¿Crees que puedes hacerlo?

Tenía el corazón henchido de orgullo y estoy segura de que los ojos me brillaban de excitación.

-Por supuesto, papá. Quiero que él esté en mi corazón, como está en el tuyo. Te quiero, papá. Eres el mejor Santa Claus que ha habido en el mundo entero.

Cuando me llegue el momento de explicar la realidad de Santa Claus a mis hijos, ruego al espíritu de Navidad que pueda ser tan elocuente y afectuoso como papá el día en que supe que el espíritu de Santa Claus no usa traje rojo. Y espero que ellos sean tan receptivos como yo fui aquel día. Confío plenamente en ellos y creo que así será.



Autor: Patty Hansen

 

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lunes, diciembre 01, 2008

El atardecer de la vida

El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

- ¿Qué cosa es lo que más te gusta de la vida, anciana?

La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

- Los atardeceres –respondió.

El vasallo preguntó, confundido:

- ¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré.

Y reafirmándose, exclamó:

- ¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres.

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

- Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.

- ¿Cosas? ¿De ti misma...? – inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:

- Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio el precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... ¡Mira!

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.

La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado “historia”, coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

Enviado por Agustín Pimentel

Ecologia: Flora, Fauna

 

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