domingo, diciembre 30, 2007

BUENA O MALA SUERTE

A pesar de ser un campesino muy pobre, tenía un caballo extraordinario, tan fino que el señor del castillo quería comprárselo, pero el viejo labriego se rehusaba a vendérselo.

- Para mí, este caballo no es solamente un animal, es un amigo. ¿Cómo puedo vender yo a un amigo?

Una mañana el labrador entró al establo y no encontró a su caballo. Al enterarse, los vecinos le dijeron:

- Te lo advertimos. Debiste haber vendido el caballo, te negaste y ahora te lo robaron. !Qué mala suerte tienes!

El viejo hombre les respondía:

- ¿Mala, o más bien buena suerte?

Todos se burlaban de él.

Dos semanas después, el caballo regresó seguido de una manada de potros salvajes.

Su corcel había escapado detrás de una hermosa yegua y retornaba ahora con la manada entera siguiéndolos.

- ¡Qué suerte! -exclamaron los vecinos.

El viejo hombre inició entonces con su hijo la tarea de domar los caballos. Una semana más tarde, el muchacho se rompió una pierna entrenando a los potros.

- ¡Qué infortunio! ¿Quién lo va a relevar, si no tiene cómo contratar a un reemplazo? -comentaron los vecinos.

El anciano les contestó:

- ¿Mala, o buena suerte?

Pasaron unas semanas, cuando de repente el ejército real llegó al pueblo y enlistó a los jóvenes en sus filas. Todos fueron enrolados excepto el hijo del viejo, quien no les interesó, porque tenía una pierna fracturada.

- ¡Qué suerte tienes! -le dijeron los vecinos llorando-. A nuestros hijos se los llevaron a la guerra y probablemente morirán, mientras tu hijo permanecerá contigo.

Conmovido, el viejo hombre replicó:

- Buena o mala suerte, ¿quién sabe?

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viernes, diciembre 28, 2007

LO QUE LA LLUVIA SE LLEVO

(Dedico esta historia a alguien muy especial para mi: GKS)

Una hormiguita, como toda Buena hormiga era trabajadora y servicial. Se la pasaba acarreando hojitas de día y de noche casi no tenía tiempo para descansar.

Y así transcurría su vida, trabajando y trabajando. Un día fue a buscar comida a un estanque que estaba un poco lejos de su Casa, y para sorpresa al llegar al estanque vio como un botón de lirio se abría y de él surgía una hermosa y delicada florecita.

Se acercó...

-Hola. ¿Quién eres...?

La florecita contestó:

-Soy un lirio.

-¿Sabes que eres muy bonito?, dijo la hormiguita.

-Gracias. Tú eres muy simpático, ¿qué eres...?

-Soy una hormiga. Gracias también.

Y así la hormiguita y el lirio siguieron conversando todo el día, haciéndose grandes amigos. Cuando iba a anochecer la hormiga regresó a su Casa, no sin antes prometer al lirio que volvería al día siguiente.

Mientras iba caminando a Casa, la hormiga descubrió que admiraba a su nuevo amigo que lo quería muchísimo y se dijo:

-Mañana Le diré que me encanta su forma de ser, mañana.

Y el lirio al quedarse solo se dijo:

-Me gusta la amistad de la hormiga, mañana cuando venga se lo diré.

Pero el día siguiente la hormiguita se dio cuenta de que no había trabajado nada el día anterior.

Así que decidió quedarse a trabajar y se dijo:

-Mañana iré con el lirio. Hoy no puedo, estoy demasiado ocupada, mañana Le diré que lo extraño.

Al día siguiente amaneció lloviendo, y la hormiga no pudo salir de su Casa y se dijo:

-Que mala suerte, hoy tampoco veré al lirio.

Bueno, no importa, mañana Le diré todo lo especial que es para mí.

Y al tercer día la hormiguita se despertó muy temprano y se fue al estanque, pero al llegar encontró al lirio en el suelo, ya sin vida. La lluvia y el viento habían destrozado su tallo.

Entonces la hormiguita pensó:

-Que tonta fui, desperdicié demasiado tiempo; MI amigo se fue sin saber todo lo que lo quería... En verdad me arrepiento.

Y así fue como ambos nunca supieron lo importante que eran.

No esperes el final de TU vida para arrepentirte.

No esperes el mañana para soñar, y por ningún motivo dejes de decirle a una persona que la quieres.

Enviado por SILVANA

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martes, diciembre 25, 2007

VIDA


Ya perdoné errores casi imperdonables. Trate de sustituir personas insustituibles, de olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso.

Ya me decepcioné con algunas personas , mas también yo decepcioné a alguien

Ya abracé para proteger . Ya me reí cuando no podía . Ya hice amigos eternos. Ya amé y fui amado pero también fui rechazado. Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de felicidad. Ya viví de amor e hice juramentos eternos, pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos . Ya llamé sólo para escuchar una voz .

Ya me enamoré por una sonrisa. Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y ....

Tuve miedo de perder a alguien especial (y termine perdiéndolo) ¡¡ pero sobreviví !!Y todavía vivo !! No paso por la vida.

Y tú tampoco deberías sólo pasar ... VIVE!!!

Bueno es ir a la lucha con determinación abrazar la vida y vivir con pasión.

Perder con clase y vencer con osadía, por que el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho más para ser insignificante.

Desconozco el Autor

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viernes, diciembre 21, 2007

Un cuento de Navidad

- Siempre está viva la fe en el corazón de los hombres...

Dijo el sacerdote al ver la iglesia llena. Eran obreros del barrio más pobre de Río de Janeiro, reunidos esa noche con un solo objetivo común: la misa de Navidad. Se sintió muy confortado. Con paso digno, llegó al centro del altar.

- a, b, c, d...

Era, al parecer, un niño el que perturbaba la solemnidad del oficio. Los asistentes se volvieron hacia atrás, algo molestos.

- a, b, c, d...

- ¡Para! - dijo el cura. El niño pareció despertarse de un trance. Lanzó una mirada temerosa a su alrededor y su rostro enrojeció de vergüenza.

- ¿Qué haces? ¿No ves que perturbas nuestras oraciones? El niño bajó la cabeza y unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas...

- ¿Donde está tu madre? - insistió el cura. - ¿No te ha enseñado a seguir la misa?

Con la cabeza baja el niño respondió:

- Perdóname padre, pero yo no he aprendido a rezar. He crecido en la calle, sin padre ni madre. Hoy como es Navidad, tenía la necesidad de conversar con Dios. Pero no sé cuál es el idioma que ÉL comprende, por eso digo sólo las letras que yo me sé. He pensado que, allá arriba, ÉL podría tomar esas letras y formar las palabras y las frases que más le gusten.

El niño se levantó.

- Me voy - dijo -. No quiero molestar a las personas que saben tan bien cómo comunicarse con Dios.

- Ven conmigo - le respondió el sacerdote. Tomó al niño por la mano y lo condujo al altar. Después se dirigió a los fieles.

- Esta noche, antes de la misa, vamos a rezar una plegaria especial.

Vamos a dejar que Dios escriba lo que ÉL desea oír. Cada letra corresponderá a un momento del año, en el que lograremos hacer una acción, luchar con coraje para realizar un sueño o decir una oración sin palabras.

Y le pediremos que ponga en orden las letras de nuestra vida. Vamos a pedir en nuestro corazón que esas letras le permitan crear las palabras y las frases que a ÉL le agraden.

Con los ojos cerrados, el cura se puso a recitar el alfabeto. Y, a su vez, toda la iglesia repitió:

- a, b, c, d...

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domingo, diciembre 09, 2007

El espíritu de Santa


Me repantigué en el asiento del acompañante de nuestro viejo Pontiac porque era la forma en que uno "debía" sentarse cuando está en cuarto grado. Papá iba al centro a hacer compras y yo lo acompañaba. Al menos eso es lo que le había dicho; en realidad tenía que hacerle una pregunta importante que me daba vueltas en la cabeza desde hacía unas dos semanas y era la primera vez que me las ingeniaba para estar con él sin tener que aclararle el motivo.

-Papá... -empecé. Y no seguí.

-¿Sí?

-Algunos chicos del colegio andan diciendo algo y yo sé que no es verdad.

Sentía que el labio inferior me temblaba, del esfuerzo que hacía para contener las lágrimas que, amenazantes, se agolpaban en el rincón interno de mi ojo derecho -siempre era el que quería llorar primero-.

-¿Qué pasa, Punkin? -Cuando me llamaba así, sabía que estaba de buen humor.

-Los chicos dicen que Santa Claus no existe. -Plic. Se me escapó una lágrima. -Dicen que soy una tonta por creer todavía en Santa Claus... que es sólo para los niños pequeños-. Mi ojo izquierdo empezó con una lágrima en el conducto interno. -Pero yo creo lo que me dijiste tú. Que Santa Claus es real. Es así, ¿no papá?

Hasta ese momento íbamos por la Avenida Newell, que en aquella época era una calle de doble mano bordeada de robles. Ante mi pregunta, papá miró mi cara y la posición de mi cuerpo. Torció hacia un costado y estacionó el auto. Apagó el motor y se acercó a mí, su hijita todavía pequeña acurrucada en el rincón.

-Los chicos del colegio se equivocan, Patty. Santa Claus existe de VERDAD

-¡Estaba segura! -suspiré aliviada.

-Pero tengo que decirte algo más sobre Santa Claus. Creo que tienes edad suficiente para entender lo que voy a contarte. ¿Estás lista?

Papá tenía un brillo cálido en los ojos y una expresión dulce en la cara. Sabía que tenía algo importante que decirme y estaba lista porque confiaba plenamente en él. Nunca me mentía.

-Había una vez un hombre de carne y hueso que viajaba por el mundo y hacía regalos a los chicos que los merecían, en todos los lugares a los que iba. Lo encontrarás en muchos países con distintos nombres, pero lo que él tenía en el corazón era lo mismo en todos los idiomas. En Estados Unidos, lo llamamos Santa Claus. Es el espíritu del amor incondicional y el deseo de compartir ese amor haciendo regalos desde el corazón. Cuando llegamos a cierta edad, descubrimos que el Santa Claus real no es el tipo que baja por la chimenea en Nochebuena.

La verdadera vida y el verdadero espíritu de este duende mágico vive para siempre en tu corazón, en mi corazón, en el corazón de mamá y en el corazón y la mente de todos los que creen en la alegría que causa el dar a los demás. El verdadero espíritu de Santa Claus pasa a ser más lo que das que lo que recibes. Una vez que lo entendemos y se vuelve parte de nosotros, la Navidad se vuelve más linda y más mágica, porque nos damos cuenta de que la magia viene de nosotros cuando Santa Claus vive en nuestros corazones. ¿Entiendes lo que trato de decirte?

Yo miraba por la ventanilla delantera totalmente concentrada en un árbol que había enfrente. Tenía miedo de mirar a papá, la persona que me había dicho toda mi vida que Santa Claus era un ser real. Quería creer lo mismo que había creído el año anterior, que Santa Claus era un duende gordo y grandote con un traje rojo. No quería tragar la píldora de la maduración y ver las cosas de otro modo.

-Patty, mírame.

Papá esperaba. Volví la cabeza y lo miré.

Él también tenía lágrimas en los ojos, lágrimas de alegría. Su cara brillaba con la luz de miles de galaxias y vi en sus ojos los ojos de Santa Claus. El Santa Claus verdadero. El que todas las Navidades, desde el momento en que yo había llegado a esta Tierra, pasaba un tiempo eligiendo las cosas especiales que yo quería.

El Santa Claus que comía mis bizcochos decorados con esmero y bebía la leche caliente. El Santa Claus que probablemente se comía la zanahoria que yo dejaba para Rudolf. El Santa Claus que -pese a su falta total de destreza mecánica- armaba bicicletas, trenes y otras chucherías durante las mañanas de Navidad.

Entendí. Entendí la alegría, la entrega, el amor. Papá me abrazó con calidez y me tuvo así un momento que me pareció larguísimo.. Los dos lloramos.

-Ahora perteneces a un grupo de gente muy especial -continuó papá-. De aquí en más, compartirás la alegría de la Navidad todos los días del año, no sólo un día especial. Por ahora, Santa Claus vive en tu corazón como vive en el mío. Es responsabilidad tuya que este espíritu de entrega se desarrolle plenamente como parte de esta vida de Santa Claus dentro de ti. Es una de las cosas más importantes que pueden ocurrirte en toda tu vida, porque ahora sabes que Santa Claus no puede existir sin que personas como tú y yo lo mantengamos vivo. ¿Crees que puedes hacerlo?

Tenía el corazón henchido de orgullo y estoy segura de que los ojos me brillaban de excitación.

-Por supuesto, papá. Quiero que él esté en mi corazón, como está en el tuyo. Te quiero, papá. Eres el mejor Santa Claus que ha habido en el mundo entero.

Cuando me llegue el momento de explicar la realidad de Santa Claus a mis hijos, ruego al espíritu de Navidad que pueda ser tan elocuente y afectuoso como papá el día en que supe que el espíritu de Santa Claus no usa traje rojo. Y espero que ellos sean tan receptivos como yo fui aquel día. Confío plenamente en ellos y creo que así será.

autor: Patty Hansen

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