lunes, octubre 30, 2006

"Dejala Secar"

Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.

Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.

Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.

Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.

Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.

Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá ¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo.

Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:

- Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa?

Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó ¿ Recuerdas lo que dijo tu abuela?

-Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil de quitar.

- Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo.-

Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor.

Un rato después sonó el timbre de la puerta. Era Julia, con una caja en las manos y sin mas preámbulo ella dijo:

Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?. Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.

Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti.

¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa.!

¡ No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó!.

Y dando un fuerte abrazo en su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de lodo.


"Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil."

Acuérdate siempre: Deja la ira secar!!!

 

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domingo, octubre 29, 2006

La tortuga y la liebre


Trabajo en Equipo - Desarrollo Personal - Creatividad

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre largó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Pero la historia no termina aquí...
La liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia.
Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

Pero la historia tampoco termina aquí...
Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba "¿qué hago ahora?", la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.

Pero la historia tampoco termina aquí...
El tiempo pasó y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción de aquella que habían experimentado en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales.

Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos.

Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

Es importante advertir que, ni la liebre ni la tortuga, abandonaron la carrera. La liebre evaluó su desempeño, reconoció sus errores y decidió poner más empeño después de su fracaso. Por su parte la tortuga, al ver que la velocidad era su debilidad, decidió cambiar su estrategia y aprovechar su fortaleza como nadadora en un nuevo recorrido. Después de varias contiendas, la tortuga y la liebre descubrieron que unidas lograban mejores resultados.

Cuando afrontamos un desafío, hay veces que es mejor tomarse las cosas con calma y confiar en uno mismo. Otras, conviene esforzarse más allá de los propios límites. Otras, es más efectivo cambiar la estrategia e intentar algo diferente. Y, también, hay veces donde lo más apropiado es unirse con otras personas.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos... y obtenemos mejores resultados!


Todos tenemos carreras por delante.

Y hay muchas maneras de "ganarlas"...
Hay muchas liebres, muchas tortugas... y muchas metas que alcanzar!

 

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viernes, octubre 27, 2006

La niña del helado



Eleanor no sabía qué le pasaba a su abuela.

Siempre se olvidaba de todo: dónde había guardado el azúcar, cuándo vencían las cuentas y a qué hora debía estar lista para que la llevaran de compras a la tienda.

-¿Qué le pasa a la abuela? -preguntó-.

Era una señora tan ordenada... Ahora parece triste, perdida, y no recuerda las cosas.

-La abuela está envejeciendo- contestó mamá. En estos momentos necesita mucho amor, querida.

-¿Qué quiere decir envejecer?- preguntó Eleanor-.

¿Todo el mundo se olvida de las cosas? ¿Me pasará a mí?

-No, Eleanor, no todo el mundo cuando envejece se olvida de las cosas. Creemos que la abuela tiene la enfermedad de Alzheimer y eso la hace más olvidadiza.

Tal vez tengamos que ponerla en un hogar especial donde puedan darle los cuidados que necesita.


-Oh, mamá, qué horrible! Va a extrañar mucho su casita, ¿no es cierto?

Tal vez, pero no hay otra solución. Estará bien atendida y allí encontrará nuevas amigas.

Eleanor parecía apesadumbrada. La idea no le gustaba en absoluto.

-¿Podremos ir a verla con frecuencia?- preguntó-.

La voy a extrañar, aunque se olvide de las cosas.

-Podremos ir los fines de semana -contestó mamá-. Y llevarle regalos.

-¿Un helado, por ejemplo? A la abuela le gusta el helado de fresas- sonrió Eleanor.

La primera vez que visitaron a la abuela en el hogar para ancianos, Eleanor estuvo a punto de llorar.

-Mamá, casi toda esta gente está en silla de ruedas- observó.

-La necesitan; de lo contrario se caerían-
explicó mamá-.

Ahora, cuando veas a la abuela, sonríe y dile que se la ve muy bien.

La abuela estaba sentada, muy sola, en un rincón de lo que llamaban la sala del sol.
Tenía la mirada perdida entre los árboles de afuera.

Eleanor abrazó a la abuela.

-Mira- le dijo-, te trajimos un regalo: helado de fresas, el que más te gusta.

La abuela tomó el vaso de papel y la cucharita y empezó a comer sin decir palabra.

-Estoy segura de que lo está disfrutando, querida- le aseguró la madre.

Pero parece no conocernos- dijo Eleanor, desilusionada.

-Tienes que darle tiempo -explicó mamá.
Está en un nuevo ambiente y debe adaptarse.

Pero la próxima vez que visitaron a la abuela sucedió lo mismo. Comió el helado y sonrió a ambas, pero no dijo palabra.

-Abuela, ¿sabes quién soy? -preguntó Eleanor.

-Eres la chica que me trae helado- dijo la abuela.

-Sí, pero también soy Eleanor, tu nieta.
¿No te acuerdas de mí? -preguntó, rodeando con sus brazos a la anciana.

La abuela sonrió levemente. -¿Si recuerdo?
Claro que recuerdo. Eres la niña que me trae helado.

De pronto, Eleanor se dio cuenta de que la abuela nunca la recordaría.

Estaba viviendo en su propio mundo, rodeada de recuerdos difusos y de soledad.

-¡Siento mucho amor por ti, abuela! exclamó-.

En ese momento vio rodar una lágrima por la mejilla de su abuela.

-Amor -dijo-. Recuerdo el amor.

-¿Ves, querida? Eso es todo lo que desea -intervinó mamá-. Amor.

-Entonces le traeré helado todos los fines de semana y la abrazaré aunque no me recuerde- resolvió Eleanor.

Después de todo, recordar el amor era mucho más importante que recordar un nombre.


Marion Schoeberlein



Enviado por Asun.

 

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martes, octubre 24, 2006

Pautas para retener la felicidad

La vida es demasiado corta para que nos dejemos arruinar por la depresión y el desánimo. Los siguientes principios han producido excelentes resultados en la vida de quienes los han aplicado.

* Básteles a cada día su afán. Si a la carga del presente le sumamos los problemas del pasado y del futuro, lo que vamos a cosechar es un sentimiento de ansiedad y de impotencia ante la vida. En la medida de lo posible, concentrémonos únicamente en las necesidades del día.

* Aprovechar lo que ya tenemos. En lugar de estar siempre ansioso por tener más dinero, más amigos, más autoridad, más cosas o más prestigio, analicemos lo que ya tenemos para ver si lo estamos utilizando a plenitud. Busquemos la manera de mejorar las circunstancias y las relaciones personales.

* El sentido del humor. Siempre tendremos problemas en la vida, mas no todos serán tragedias. Viéndolo bien, muchas de nuestras dificultades tienen un aspecto humorístico que podemos utilizar en nuestras anécdotas para ayudarles a otros a aprender lecciones.

* Establecer un orden de prioridades. Es importante que dediquemos tiempo a Dios, a la familia, a nosotros mismos y a la diversión. Si organizamos estas actividades, no nos sentiremos culpables de no estar trabajando en todo momento.

* Hacer un cambio y perseverar en él. Asumamos el control de nuestra vida. Establezcamos un programa para hacer ejercicio, para perder peso, para dejar de fumar... y perseveremos en él. Cuando uno logra vencer un mal hábito, le da un impulso positivo a la vida.

* Perdonar y olvidar. No sigamos rumiando los errores del pasado. No revivamos frustraciones. Dejemos que el ayer se trague sus tristezas. Los pensamientos negativos sobre la falta de aprecio del jefe, de los compañeros de trabajo, del cónyuge o de la familia apagan los sentimientos optimistas que podamos tener.

* Estar conscientes de las bendiciones. Cuando me despierto por la mañana, avivo el pensamiento con este versículo de las Escrituras: "Este es el día que hizo el Eterno; nos gozaremos y alegraremos en él" (Salmo 118:24).

AUTOR: autor desconocido

Ennviado con amor por : SILVANA

 

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domingo, octubre 15, 2006

Historias sobre la arrogancia

Historias sobre la arrogancia

Paulo Coelho


La arrogancia del poder

Maestro y discípulo conversaban en una esquina, cuando una anciana los abordó:
-¡Apártense de delante de mi escaparate!gritó,
-¡Están estorbando a mis clientes!
El maestro pidió disculpas, y cambió de acera.
Continuaban la conversación, cuando se les acercó un policía.
-Necesitamos que se aparte de esta acera!
dijo el policía.
-El conde va a pasar por aquí dentro de poco.
-Que el conde pase por el otro lado de la calle, respondió el maestro, sin moverse de su sitio.

Después se giró a su discípulo:
-No lo olvides: no seas nunca arrogante,
con los humildes, ni humilde con los arrogantes.

___________

La arrogancia de la santidad

El monje zen había pasado diez años meditando en su cueva, intentado descubrir el camino de la Verdad. Una tarde, mientras oraba, se le acercó un mono.
El monje intentó concentrarse.
El mono, sin embargo, se le acercó despacito y le quitó la sandalia.
-¡Maldito mono. dijo el monje.
-¿por qué has venido a perturbar mis oraciones?
-Tengo hambre. dijo el mono.
-¡Largo de aquí!¡Estorbas mi comunicación con Dios!
-¿Cómo quieres hablar con Dios, si no eres capaz de comunicarte con los más humildes, como yo?
dijo el mono.

Y el monje, avergonzado, le pidió disculpas.


___________

La arrogancia de la fuerza

La aldea estaba amenazada por una tribu de bárbaros. Los habitantes fueron abandonando sus casas, y huyeron hacia un lugar más seguro.
Al final del año, todos habían partido, excepto un grupo de jesuitas.
El ejército bárbaro entró en la ciudad sin encontrar resistencia e hizo una gran fiesta para celebrar la victoria.
En mitad de la comida, apareció un padre jesuita.
-Habéis entrado aquí y habéis echado fuera la paz.
Os pido por favor que os vayáis sin demora.
-¿Por qué no has huido todavía?, gritó el jefe bárbaro.
-¿No ves que puedo atravesarte con mi espada sin siquiera pestañear?
-El padre respondió con calma:
-¿No ves que yo puedo ser atravesado por una espada sin siquiera pestañear?

Sorprendido por tan gran serenidad ante la muerte,
el jefe bárbaro y su tribu abandonaron el lugar al día siguiente.

___________

La arrogancia de la envidia

En el desierto de Siria, decía Satanás a sus discípulos:
-el ser humano, siempre está más preocupado, por desear el mal, a los otros que en hacerse el bien a sí mismo.
Y para probar lo que decía, decidió tentar a dos hombres que descansaban allí cerca.
-He venido para hacer realidad tus deseos, le dijo a uno de ellos.
Puedes pedir lo que quieras, que te será dado.
Tu amigo recibirá lo mismo que tú, pero el doble.
El hombre permaneció largo tiempo en silencio.
Finalmente, dijo:
-Mi amigo está contento, porque obtendrá el doble que yo, sea cual sea mi deseo.
Pero he conseguido prepararle una trampa:
mi deseo es que me dejes ciego de un ojo.



Enviado con inmenso cariño por :
SILVANA

 

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viernes, octubre 13, 2006

Fábula de la Tortuga y el Escorpión

Hace algún tiempo, una pequeña tortuga se encontraba retozando en un riachuelo disfrutando de una soleada mañana, sin ninguna preocupación, al poco tiempo escucho que una voz la llamaba desde una de las orillas del río -Tortuga, tortuguita, ven por favor-, como todos sabemos, las tortugas de río son básicamente animalillos de buen corazón, así que sin dudarlo un segundo la tortuga se acerco confiadamente a la voz que la llamaba.

Al llegar a la orilla del río, la tortuga se llevo un gran susto al advertir que el dueño de la voz que la llamaba era un escorpión negro, como todos sabemos esos animales son extremadamente peligrosos por lo que la tortuga (ingenua al fin y al cabo) le pregunto sin acercarse a la orilla:
-Que quieres de mi escorpión?- a lo que el otro respondió .
-Pequeña tortuga, tengo una urgencia y debo cruzar hacia el otro lado del río, serias tan amable de ayudarme a cruzar llevándome sobre tu lomo?-

La tortuga solo tardo un instante en pensar que ahí había gato encerrado y rápidamente le contestó:
-No te llevo, por que eres un escorpión y en cuanto me acerque a ti, me vas a picar y me vas a matar-

Al escuchar estas palabras el escorpión rompió a llorar a mares y usando un tono lastimero le dijo a la tortuga:
-En verdad necesito cruzar al otro lado y no tengo tiempo para dar un rodeo, es una pena que no me quieras ayudar solo por que soy un escorpión, yo no tengo la culpa de ser lo que soy-

La pobre tortuga, que era de buen corazón, estuvo a punto de ayudarle al escuchar el llanto del que pedia su ayuda, pero recordó los escorpiones son animales que son capaces de picar a otro y matarlo solo por placer, así que comenzó a alejarse y le dijo al escorpión:
-Lo siento mucho, pero no debo de ayudarte, por que me matarías-

El escorpión desesperado le dijo:
-Tortuguita, por favor espera, te propongo lo siguiente; Tu sabes que yo no se nadar verdad?-
-Si- Contesto la tortuga un poco intrigada.
-Y sabes también, que lo único que a mi me interesa es cruzar al otro lado verdad?-
-Si- Dijo una vez mas la tortuga.
-Pues entonces que te parece si solo te acercas a la orilla lo suficiente para que yo pueda llegar a tu lomo mediante un salto, de ese modo estarás segura de que no te puedo picar cuando te me acerques, también estarás segura de que no te puedo picar cuando me estés llevando, por que si te hundes tu, pues yo también me hundiría y moriría junto contigo, además al llegar a la otra orilla me dejas a la distancia justa de un brinco y si desperdicio mis fuerzas en tratar de picarte, pues no voy a llegar a la orilla y me voy a ahogar- Dijo el escorpión y por último agregó –Por favor tortuga, por favor hazme ese gran servicio, sabes que si te pico pierdo yo tanto o más que tu-

La pobre tortuguita no sabia que hacer y repaso mentalmente el plan del escorpión y peso para sus adentros “Debe estar muy desesperado para pasar al otro lado ya que esta poniendo su vida en mis manos” y sin mas, se decidió. -Esta Bien- Dijo -Súbete, te llevo-.

El escorpión muy agradecido salto a lomos de la tortuga y esta inicio su recorrido silbando una alegre melodía, sin embargo al llegar a la mitad exacta del río la tortuga sintió el terrible piquete del escorpión en la base de su cuello, atónita al tiempo que sentía como su cuerpo se entumecía y comenzaba a hundirse solo pudo voltear a ver al escorpión y preguntarle -Que paso?- a lo que el escorpión respondió antes de ahogarse -No lo pude evitar, es mi naturaleza...-

Moraleja: Lo único a lo que nadie puede traicionar, es a su propia naturaleza.

 

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jueves, octubre 12, 2006

Estoy aprendiendo...


Estoy aprendiendo a aceptar a las personas, aun cuando ellas me decepcionan, cuando huyen del ideal que tengo para ellas, cuando me hieren con palabras ásperas o acciones impensadas.

Es difícil aceptar las personas como ellas son, sin que sean como deseamos que ellas sean.
Es difícil, muy difícil, pero estoy aprendiendo.

Estoy aprendiendo a amar.
Estoy aprendiendo a escuchar. Escuchar con los ojos y oídos.
A escuchar con el alma y con todos los sentidos.
Escuchar lo que dice el corazón, lo que dicen los hombros caídos, los ojos, las manos inquietas.
Escuchar el mensaje que se esconde por entre las palabras vanas, superficiales.
Descubrir la angustia disfrazada, La inseguridad mascarada, la soledad encubierta.

Penetrar la sonrisa fingida,la alegría simulada, la vanagloria exagerada.
Descubrir el dolor de cada corazón.
Poco a poco, estoy aprendiendo a amar.
Estoy aprendiendo a perdonar. Pues el amor perdona, quita los rencores, y cura las heridas que la incomprensión e insensibilidad lo lastimaron.

El amor no alimenta resentimientos con pensamientos dolorosos.
No cultiva ofensas con lástimas y autoconmiseración. El amor perdona, olvida, extingue todos los esquicios de dolor en el corazón.

Poco a poco...
Estoy aprendiendo a perdonar.
Estoy aprendiendo a descubrir el valor que se encuentra dentro de cada vida, de todas las vidas.
Valor soterrado por el rechazo, por la falta de comprensión.
Cariño y aceptación, por las experiencias desagradables vividas a lo largo de los años.
Estoy aprendiendo a ver,en las personas su alma, y las posibilidades que Dios les dio.

Estoy aprendiendo,
¡Pero cómo es de lento el aprendizaje!,
¡Cómo es difícil amar, amar como Cristo amó!
Todavía, tropezando, errando, estoy aprendiendo...
Aprendiendo a no ver solamente ...mis propios dolores, mis intereses, mi ambición, mi orgullo, cuando estos impiden el bienestar y la felicidad de alguien !

¡¡Cómo es difícil amar, pero estoy aprendiendo!!.


(tomado de la Web)

Enviado por Asun Carretero

 

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domingo, octubre 08, 2006

12 pasos del programa de la recuperación para adictos de Web

1. - Tomaré una taza de café por la mañana y leeré mi periódico, antes de ir a la Web.
2. - Comeré desayuno con un cuchillo y tenedor y no con una mano para mecanografiar con la otra.
3. - Me vestiré antes del mediodía.
4. - Haré un intento de limpiar la casa, lavar ropa y planear la cena antes de usar la computadora.
5. - Escribiré una carta a esos amigos desafortunados y familia que son carentes de Web.
6. - Llamaré a alguien en el teléfono con el que no puedo contactarme vía Web.
7. - Leeré un libro.... si es que puedo todavía recordar cómo.
8. - Escucharé las necesidad de otros y dejaré de decirles que bajen la TV así yo podre escuchar la música.
9. - No estaré tentado a buscar el correo durante comerciales de la TV.
10. - Trataré de salir de la casa por lo menos una vez a la semana.
11. - Recordaré que el banco no perdona si me olvido de cuadrar mi chequera.
12. - Por último, aunque no por ello menos importante, recordaré que debo ir a la cama algún día.... que la Web estará ahí mañana y siempre.

 

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